Producción: Universal. Año: 1935. Formato: Blanco y negro. Duración: 72 min.
Intérpretes: Colin Clive (doctor Frankenstein), Valerie Hobson (Elizabeth), Boris Karloff (el monstruo), Ernest Thesiger (doctor Pretorius), Dwight Frye (Karl), Elsa Lanchester (Mary W. Shelley y La Novia), Una O´Connor (Minnie).
“Cuéntanos tus infiernos mientras el cielo brama”.
Lord Byron (Gavin Gordon)
“Por un mundo nuevo de dioses y monstruos”.
Dr. Pretorius (Ernest Thesiger)
La producción
Tras el estreno de Drácula, en 1931, la Universal llenó las pantallas de medio planeta con monstruos, doctores locos, hombres lobo, anfitriones sádicos y almas en pena.
Carl Laemmle Jr., productor de la obra, pensaba que James Whale era el director con más posibilidades de poner a los estudios Universal a la par con la Metro, Warner Bros. y los grandes estudios de Hollywood. Creía que su trabajo con Frankenstein, El caserón de la sombras, El hombre invisible y las demás películas que había hecho reflejaban la obra de un gran estilista.
Tras rechazar varios guiones para la continuación, Whale tomó el control de la redacción del guión aportando sus propias ideas. Además de insistir en hacer un prólogo, Whale puso la condición de que Elsa Manchester tenía que interpretar el papel de Mary Shelley y de la Novia. O aceptaban esas condiciones o no haría la película.
Debido al éxito de Frankenstein, a Whale le dieron vía libre con los decorados, los detalles, el tiempo, la fotografía y la música para que pudiera pulir y perfeccionarla de una forma inaudita de películas anteriores.
Estamos acostumbrados a que las secuelas sean una prolongación de un éxito anterior y es difícil imaginar una segunda parte que supere a la primera. Sin embargo, James Whale demostró lo contrario con La novia de Frankenstein porque nunca un estudio había invertido tanto presupuesto ni talento en una película de monstruos.
La película
El prólogo de esta nueva entrega es un tributo a la escritora. El nombre de la autora de la novela original se corrige en los títulos de crédito y la cinta se abre con la cámara acercándose a Villa Diodati en una noche de tormenta. Allí, al calor del fuego, Lord Byron, Percy B. Shelley y Mary asisten a una de sus veladas suizas.
Tras un flashback con lo mejor de la primera parte, Lord Byron invita a la escritora a que continúe la historia del monstruo: “Cuéntanos tus infiernos mientras el cielo brama”.
A continuación, se nos devuelve a una imagen del molino a punto de derrumbarse. El padre de María, la niña a la que la bestia arrojó al agua creyendo que flotaría como una flor, insiste en ver los restos del monstruo. Tras caer a un pequeño lago que se extiende bajo los restos del incendio, el monstruo -ya inevitablemente Frankenstein para el público- surge detrás de un recodo y ahoga al hombre ante la mirada cómplice de una lechuza. El plano con el que Whale retrata la aparición del monstruo todavía sigue estremeciendo a los amantes del género.
La belleza de la secuencia en que la multitud lleva el cuerpo del doctor Frankenstein al castillo mezclada con las carreras y alaridos del ama de llaves llegan a resultar algo cargantes. Si no fuera por el conocido humor de Whale que aderezó todos sus horrores, se diría que este personaje pertenece a otro género.
El nuevo apresamiento del monstruo, después de intentar salvar a la joven muchacha, es bestial. La idea original de Shelley persiste: la buena acción del fugitivo es premiada con otro linchamiento. La manera en que la masa se abalanza sobre el monstruo hasta reducirlo es verdaderamente conmovedora.
Sin embargo, el monstruo consigue escapar y llega a la cabaña de un anciano ciego. Es en este lugar donde el monstruo de Frankenstein encuentra la ternura que necesitaba desde el principio. Aunque el hilo argumental no tiene ninguna relación con la novela de Shelley, se trata de una adaptación que recoge fielmente el espíritu de la obra: el afecto y la simpatía humanizan al monstruo en la misma medida en que le embrutecieron la violencia y el rechazo. Las escasas lecciones dictadas por el anciano serán bastantes para que la bestia aprenda a llorar y comience a pensar.
A diferencia del filme, el monstruo de la novela podía hablar. En La novia de Frankenstein, se le devolvió el habla. Karloff puso muchas pegas a que el monstruo hablase porque creía que le restaría mérito a su primera interpretación. Sin embargo, la historia del cine ha demostrado que estaba equivocado.
Los días de felicidad no duran mucho y el monstruo se ve obligado a esconderse en el cementerio. Y es en ese momento en el que siente la necesidad de una compañera.
A partir del secuestro de Elizabeth, La novia de Frankenstein es una combinación entre estética y poética que consta en los anales. La voluntad de crear un estilo propio, presente en todo el cine que Whale hace para la Universal, se antoja mucho más pronunciada.
A un ritmo vertiginoso, Whale nos lleva hasta el primer plano de la novia. Una vez resucitada, la mujer se convierte en una de las imágenes más recurrentes de la estética posmoderna.
Cuando la compañera rechaza al monstruo gritando con el mismo espanto que el ama de llaves, deja que el detestable barón se marche junto a su bella esposa. El monstruo decide autoinmolarse junto a la resucitada y el doctor Pretorius.
De este modo, les niega el derecho de la vida: a ella, por no ver más que a un monstruo donde había un inocente y al científico, por su sincero e irreductible interés por los cadáveres.
La apabullante voladura del torreón les devuelve a todos con los muertos, pero sólo en apariencia. Como en otras películas, a la abominación de Frankenstein aún le quedaba mucha vida.
El maquillaje
El maquillaje de Jack P. Pierce merece una ovación doble porque, además de revalidar su trabajo con el rostro del monstruo, creó un verdadero icono con el de la novia.
Boris Karloff tuvo que volver a soportar un maquillaje duro e incómodo. Uno de los cambios en el rostro del monstruo se produjo con el incendio del molino. Le quemaron el pelo y se lo cortaron al rape haciéndolo crecer durante la película. Además, le pusieron una quemadura en una mano y otra en la mejilla.
El maquillaje de la novia es una obra maestra y, por ello, ha pasado a ser la monstruo más famosa de la historia del cine. Lo más llamativo es la forma elegida de su cabello y sus estrambóticos mechones blancos, todo ello aderezado de un maquillaje glamouroso.
La diferencia entre el monstruo y Frankenstein puede estudiarse a través de los peinados de sus respectivas mujeres. El famoso cardado de la chica del monstruo se contrapone con el pelo suelto de Elizabeth. Mientras que el primero guarda desasosiego, el segundo nos llena de sensualidad.
La música
La guinda del pastel de La novia de Frankenstein fue la gran banda sonora de Franz Waxman.
La música se convierte en uno de los principales elementos de la cinta. Prosigue, de este modo, la implicación dramática del sonido en los mecanismos del terror. Las imágenes propuestas por el realizador son mucho más enfáticas y siempre rodadas desde ángulos caprichosos: la suelta de las cometas, el resplandor de los relámpagos, los destellos de la electricidad descendiendo por los aparatos que habrán de dar vida al nuevo monstruo…
Para la secuencia inicial de Byron y Mary durante una noche lluviosa, Waxman escribió un estupendo minué de época que expresaba la vida desahogada que vemos en pantalla. Cuando Byron empieza a recordar la historia, se transforma en una fuga que ilustra los horrores de la primera parte, para luego volver al minué.
La base de la banda sonora es wagneriana. Emplea motivos musicales para cada personaje o escena importante. Son componentes temáticos básicos que anuncian la aparición de cada personaje o insinúan su presencia fuera del encuadre cuando no se ven: al monstruo le acompaña un motivo de cuatro notas basado en su gruñido; a la novia le acompaña una melodía de tres notas altisonante muy exótica; y, al contrario, al Dr. Pretorius le acompaña un tema muy alocado.
La herencia
Al igual que todos los guiones, el de La novia de Frankenstein pasó por el Comité Breen, la junta censora de Hollywood, para aprobar o discutir cualquier tema censurable.
El guión tenía muchas referencias religiosas, algunas de las cuales podían interpretarse como blasfemias. Los estudios Universal no querían arriesgarse y colaboraron eliminando 15 minutos del metraje antes de que se estrenase, incluyendo acortar el prólogo para eliminar los primeros planos del escote de Elsa Manchester. La película fue tildada de escandalosa y, en algunos casos, subversiva.
De todas formas, La novia de Frankenstein es la mejor película de terror de la Universal, gracias a los decorados de Charles Hall y a la fotografía de John Mescall: los trucos expresionistas, la iluminación artificial, los estupendos cielos pintados, la extraña disposición de las tumbas…
Bibliografía: El cine de terror de la Universal, Javier Memba, 2004




