h1

Grupo Salvaje

Abril 26, 2008

 

“El momento clave en el que el cine estadounidense

perdió su inocencia”

 

 

 

            Todavía recuerdo la noche que fui al cine a ver Grupo Salvaje. Cuando se apagaron las luces y subió el telón, sentí un subidón cuando empezó a sonar la tensa y elegíaca banda sonora de Jerry Fielding. Entonces, sin previo aviso, todas las expectativas con las que había entrado en la sala dieron un vuelco en el momento en que Pike Bishop, interpretado por William Holden, estampa al jefe de la estación contra un poste y ordena: “¡Si se mueven, matadlos!”. Un instante después aparece el último crédito sobre la pantalla: “Dirigida por Sam Peckinpah”.

 

            No estaba preparado para la repentina erupción de violencia que se desataba cuando el pueblo se convierte en un campo de batalla en el que la muerte era gráfica, intensa y arbitraria. Ahora me parece el momento clave en el que el cine estadounidense perdió su inocencia.

 

Fascinado por la compleja visión que Peckinpah tenia de la humanidad, pude ver cómo desdibujaba la línea que separa el bien del mal, tanto en los protagonistas como en los antagonistas. Una historia de honor, lealtad y compromiso existencial se propulsaba hasta un clímax catártico, en el que cuatro hombres se enfrentan a todo un ejército. Me dejó atónito y excitado. De hecho, mientras los acordes de “La golondrina” llenaban la sala, y yo veía como Peckinpah repetía la conmovedora marcha del grupo del pueblo mexicano en el que habían buscado refugiarse tanto de su pasado como de su presente, empecé a notar una extraña sensación de pérdida.

 

            Al salir de la sala tuve tres cosas claras. La primera, que lo que acababa de experimentar era algo extraordinario. Una película tan única que sólo podía ser obra de un estadounidense con una visión muy personal. Segunda, que quería saber como una película como aquella podía llegar a ser producida. Y finalmente, supe que quería volver a verla.

 

            La noche siguiente volví con un grupo de amigos, insistiendo en que debían experimentarla por sí mismos. La odiaron. A mí me encantó todavía más. Durante las semanas siguientes, volví a ver la película media docena de veces, trayendo conmigo a todo el que quisiera acompañarme. A algunos les conmovió tanto como a mí. A otros les pareció repugnante.

 

 

Sam Peckinpah, vida Salvaje, Garner Simmons, 1983

Un comentario

  1. Yo la vi ayer (4 Mayo 2008) y ha sido una de las experiencias cinematográficas más intensas que recuerdo. La despedida del pueblo de Angel, las miradas sin diálogo, la balacera final, los indios…



Dejar un comentario